La inteligencia artificial está transformando los juicios en España. La aparición de tecnologías capaces de generar imágenes, audios y vídeos completamente falsos, conocidos como deepfakes, plantea una cuestión inquietante: ¿pueden manipularse las pruebas digitales presentadas en un juicio?
Como Borja Signes Bonet, abogado penalista en Valencia, he visto cómo este fenómeno está empezando a llegar a los tribunales y cómo, si no se actúa con rigor, podría poner en riesgo el derecho a un juicio justo.
1. La revolución de las pruebas digitales
Hasta hace pocos años, la mayoría de pruebas en procedimientos penales eran físicas o testimoniales. Hoy, gran parte son digitales:
- Mensajes de WhatsApp
- Correos electrónicos
- Imágenes y vídeos
- Registros de geolocalización
- Grabaciones de audio
La Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECrim) ya reconoce su validez, pero la irrupción de la IA plantea un reto: su fiabilidad puede verse comprometida por manipulaciones casi imposibles de detectar a simple vista.
2. Deepfakes: una amenaza real en sala
Un deepfake es un contenido audiovisual creado o alterado con IA para que parezca real. En un procedimiento judicial, podría simular:
- Un vídeo donde el acusado “confiesa” un delito inexistente.
- Un audio con su voz lanzando amenazas falsas.
- Imágenes en las que aparece en el lugar de un crimen sin haber estado allí.
En mi experiencia como abogado en Valencia, ya he visto intentos de presentar audios y capturas de pantalla alteradas como prueba. El peligro es que, para un ojo no experto, la manipulación es prácticamente indetectable.
3. Marco legal y jurisprudencia
El artículo 326 LECrim exige que las pruebas digitales se sometan a peritaje técnico para verificar su autenticidad. El Tribunal Supremo (STS 300/2015, de 19 de mayo) ha advertido que cualquier archivo digital puede manipularse, y que quien lo aporte debe acreditar su integridad.
Por su parte, el Tribunal Constitucional ha recordado que la carga de la prueba corresponde a quien la presenta, especialmente si existe sospecha fundada de manipulación.
4. Cómo blindar la autenticidad de la prueba
Para evitar nulidades o injusticias, recomiendo siempre:
- Obtención legal: sin vulnerar derechos fundamentales (art. 18 CE).
- Cadena de custodia digital: documentar cada paso desde la obtención hasta la presentación en juicio.
- Peritaje informático: independiente y colegiado, que certifique metadatos y ausencia de alteraciones.
- Conservación de originales: no trabajar solo sobre copias enviadas por mensajería o correo.
5. Casos recientes en España
En 2024, un tribunal madrileño anuló un audio presentado como prueba porque el peritaje determinó que había sido manipulado con un software de clonación de voz. Este caso dejó claro que las pruebas digitales manipuladas ya son un riesgo real, y que la única defensa sólida es una autenticación rigurosa.
6. Opinión profesional
Como Borja Signes Bonet, abogado penalista en Valencia, creo que el gran reto no es eliminar las pruebas digitales, sino reforzar los protocolos de autenticación y establecer estándares técnicos claros.
La justicia no puede permitirse condenar o absolver basándose en pruebas falsas generadas por IA. Es necesario que el legislador actualice la LECrim para contemplar expresamente estas tecnologías y que se forme a jueces, fiscales y abogados en la detección de deepfakes.
7. Conclusión
Las pruebas digitales manipuladas ya forman parte de la realidad judicial. La combinación de inteligencia artificial y falta de controles rigurosos puede poner en riesgo la verdad procesal.
En mi despacho en Valencia, defiendo que la clave está en peritajes exhaustivos y custodia digital impecable, para que la justicia no se vea distorsionada por falsos digitales.
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